JORGE LUIS BORGES

LA FLOR DE COLERIDGE (Fragmento)

Hacia 1938, Paul Valéry escribió: "La historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera o de la carrera de sus obras sino La Historia del Espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor". No era la primera vez que el espíritu formulaba esa observación; en 1844, en el pueblo de Concord, otro de sus amanuenses había anotado: " Diríase que una sola persona ha redactado cuantos libros hay en el mundo; tal unidad central hay en ellos que es innegable que son obra de un solo caballero omnisciente" (Emerson: Essays,2,VII) Veinte años antes, Shelly dictaminó que todos los poemas del pasado, del presente y del porvenir, son episodios o fragmentos de un solo poema infinito, erigido por todos los poetas del orbe ( A Defence of Poetry, 1821).
   Esas consideraciones (implícitas, desde luego, en el panteísmo) permitirán un inacabable debate; yo ahora, las invoco, para ejecutar un modesto propósito: la historia de la evolución de una idea, a través de los textos heterogéneos de tres autores. El primer texto es una nota de Coleridge, ignoro si este la escribió a fines del siglo XVIII, o a principios del XIX. Dice, literalmente: "Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran un flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano...¿entonces, qué?"
   No sé que opina mi lector de esa imaginación; yo la juzgo perfecta. Usarla como base de otras investigaciones felices, parece previamente imposible; tiene la integridad y la unidad de un términos an quemm de una meta. Claro está que lo e; en el orden de la literatura, como en los otros, no hay acto que no sea coronación de una infinita serie de causas y manantial de una infinita serie de efectos. Detrás de la invención de Coleridge está la general y antigua invención de las generaciones de amantes que pidieron como prenda una flor.

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